La culpa es de segundos o terceros
La balsa. Puerto Aysén, 2017
Habitación
Desierta nuestra cama
Empolvada
Con restos de tu abandono en la almohada
Con la silueta de tu cuerpo muerto
Con tus huellas
Te sigo en la ausencia
Las sábanas contienen el olor de tu nombre
Nombre callado que gritó un adiós
Sin susurros, sin amor
Grita mi nombre
Y despídete del frío de este silencio
Invoca mis labios en este vacío
Besa en un llanto tu partida
Bebe esta soledad, fruto de nuestras culpas
Canto en silencio las grietas de este duelo
Y arropo con inviernos tu calor ausente
Busco los restos de tus ojos evaporados
Se pierden como las gotas que ruedan por los cristales
Y observan desde lejos que ya no estás
Lo perdido
Soñar, volver
a reír, disfrutar del sol es lejano. No solo las nubes de la ciudad opacan mi
semblante, también las hay internas. En ellas hay lluvia, mis nubes también te
lloran.
Que mi cara se queme cuando salga
el sol, que el día penetre mi piel, como ese verano en nuestro caribe, el
caribe que tanto amé de la mano de vos.
Vivo en un aterciopelado sube y
baja desde tu partida. He vuelto a llamarte, a dejarte mensajes de audio, recaigo
en la ridiculez y en el pesar de tu ausencia, distante. Se me aprieta el pecho con cada atardecer que voy
mirando solo. Sí, de esos anacarados que tanto te gustaban. Juntos contemplamos
ese bote que se perdió entre los fiordos, entre mis deseos, entre las montañas de
tu mirada.
Y me ha abandonado la vida fuera
de ti, me ha dejado al aire, me elevé con las hojas que dejó tu otoño y caí
como retamo seco en medio del agua.
No es justa esta ausencia. Tengo
miedo a recorrerla sin ti, sabes que no vuelvo, que me pierdo y que
desaparecerá la silueta desnuda que jugaba con tu cuerpo después de hacer el
amor. No podré contarte mis sueños, mis temores, mi amor hacia ti, nada, porque
todo lo entregué.
La llama, la pasión, se
esparcieron en cenizas, son un cadavérico recuerdo que se pasea como fantasma
en los lugares donde otros ojos contemplaron nuestro amor.
La piel
Porque lo sé hacer
Si estoy triste, feliz, nervioso, lloro.
De amor, de ilusión, de desamor
Por la llegada y la partida
Por un primer y último te amo, lloro
Por lo prohibido y lo intocable
Por la mesura de mi madre
Por el silencio del padre y su abrazo frío, lloro.
Por la rabia en la garganta
Con el grito entre los dientes
Si unas dedico unas líneas
Y arranco con furia las letras de estos versos, lloro.
Con hambre, con sed
Con vida, sin vida
Por el crudo recuerdo de mi infancia, lloro.
Por el roce de sus manos, por la herida acallada
Por ahogar los miedos con llantos
Por las culpas cristianas, los pecados vergonzosos
Por el miedo a confesarlos y no tener salvación
Por los temores, las angustias
Por las burlas que llevo en la piel
Por los golpes y rechazos de mi historia
Por las ansias, los gritos, las penas, mis penas, lloro.

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