La piel
Es un sí permanente
Una llaga que supura tristeza
Por la llegada y la partida
Por lo prohibido y lo intocable
Lo imborrable.
Por la mesura de mi madre
Por el silencio de un padre y su abrazo frío, lloro.
Por la rabia en la garganta
Con el grito entre los dientes
Si dedico unas líneas
Y arranco con furia las letras de estos versos, lloro.
Con hambre, con sed
Sin vida
Con el crudo recuerdo de mi infancia
con el roce de sus manos, por la herida acallada
Por ahogar los miedos en llantos, lloro
las culpas cristianas, los pecados vergonzosos
el miedo a confesarlos y perder la salvación
por las burlas que llevo en la piel
por los golpes tatuados, los rechazos de mi historia
por las ansias, los gritos, mis penas, lloro.
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